Hace algunos años atrás, la delincuencia era un problema. Y vaya, que problema. No habían conversaciones en donde no se le nombrara. En el trabajo, en el hogar, en los centros de estudios, en las calles, en los buses y un sinfín de espacios más. Era la prioridad en la lista de soluciones de problemas para nuestros autoridades políticas.  Y estaba presente en el discurso de todas las campañas políticas electorales. Sin embargo, la realidad actual es algo diferente.

Aunque la delincuencia sigue siendo uno de los problemas latentes en nuestro país, ya no es el principal. Este ha sido desplazado por la corrupción. Según la Encuesta Nacional Urbano y Rural del  CPI  en el año 2017, el 51.3% de peruanos señalaba que el principal problema del Perú era la delincuencia y la falta de seguridad. Solo el 12.3% de ciudadanos opinaba que la corrupción en el Gobierno era el principal problema del país.

Sin embargo, los resultados han cambiado. No para mejor, claro está, pero el cambio se ha dado. Solo en el 2018,  El Comercio publicó una encuesta de Ipsos en donde el 57% de entrevistados afirmaban que la corrupción era el principal problema del país. La delincuencia y la falta de seguridad se ubicaron en segundo lugar con un 55% en dicha oportunidad.

Pero, ¿y en el 2020? ¿ cómo ha cambiado este panorama? En No Reactivo buscamos responder estas dudas. Por ello, realizamos una encuesta a propósito de las elecciones generales del 2021.

Tal como se muestran en el video, el 67% de los encuestados respondió que el principal problema del Perú es la corrupción. Por otro lado, la delincuencia no apareció como opción, siendo desplazada por otros sectores que también han generado preocupación en los últimos años: educación y salud.

Indecisos

Asimismo, en la encuesta realizada pudimos apreciar como el 85% de encuestados aún no tiene definido su voto. Una cifra preocupante si consideramos que las elecciones son en tres meses. Además de recalcar que hace años no se ven cifras tan grandes de “indecisos” en una encuesta. Sin embargo, es razonable la indecisión por parte de los electores. Los aspirantes al poder y nuestras autoridades políticas se han ido ganando a pulso la desconfianza de la población debido a los escándalos revelados en los últimos años. A eso, sumémosle las investigaciones vigentes que varios candidatos a la presidencia y al Congreso tienen abiertas.

Y es que lo que se espera ahora ya no es solo carisma, propuestas electorales en discursos interminables o una trayectoria larga en cargos públicos. Ahora también se busca que el candidato sea honesto, tenga valores y un buen equipo de gobierno para sacar al país adelante.